Su abuelo iba a cerrar el negocio familiar, por lo que decidió emprender la tarea de su vida

Antonio Sánchez era el mayor de tres hermanos. Se casó con Rafaela, una vecina a la que había tenido por compañera de colegio. Juntos habían formado una familia que ya contaba con 4 hijos y 7 nietos de la que estaban más que orgullosos.

Este matrimonio, de jóvenes, montó una pequeña taberna en una de las calles del pueblo. Rafaela, que tenía muy buena mano para la cocina era la que organizaba todo y Antonio se encargaba de atender a los clientes. Eso se convirtió en su vida, un trabajo que realizaron por más de 60 años.

Con el tiempo, el negocio bajó mucho. Ya los bares vecinos ofrecían platos más elaborados y bebidas más modernas. Solo los ancianos iban a la ‘Taberna Antonio Sánchez’.

Uno de sus nietos, Miguel, heredó la pasión por la hostelería. De pequeño había aprendido de su abuela pronto a cocinar y con 20 años estudió en la escuela de hostelería más famosa del mundo “Le Cordon Blue” y con 23 años montó su propio restaurante, consiguiendo al segundo año de la apertura su primera estrella Michelin.

Sus abuelos cayeron enfermos y tuvieron que cerrar el bar. Además, la gente joven ya no quería ir allí, porque lo veía viejo y anticuado. Así, Antonio le pidió a su nieto Miguel que por favor hiciera algo con la taberna. No podía ver como un sitio que había sacado una familia adelante y que le había costado toda una vida de trabajo se cerrara sin más.

cocinero

Miguel no supo que hacer, pues era un reto muy difícil que no le iba a suponer mucho beneficio, sin embargo, no podía dejar tirados a sus abuelos. Se embarcó en esa difícil tarea de relanzar la taberna.

Estuvo un tiempo de reformas y pensando el menú. Finalmente optó por no cambiar la carta ni la apariencia del lugar, era un homenaje a sus abuelos, aunque sí la elaboración de los platos y la presentación.

Hoy la Taberna Antonio Sánchez vuelve a ilusionar a jóvenes y mayores, y el propio Antonio Sánchez puede descansar tranquilo porque su legado sigue vivo.

Historia por: Antonio Torrero