Un accidente no le impidió establecer un récord en Juegos Olímpicos que nadie podía imaginar

Daniel era nadador profesional. Y aunque sólo tenía dieciocho años, ya había conseguido clasificarse para unos Juegos Olímpicos. El día que lo consiguió sintió que era el más feliz de su vida, otra etapa más que tanto esfuerzo le estaba costando estaba acabada. Etapas que acabarían con la participación en los JJOO y quién sabe si incluso consiguiendo una medalla.

Su familia, amigos, entrenador, todos estaban eufóricos. Tanto es así que hicieron una cena en su honor. Cenaron todos en el jardín de casa. Sus amigos le habían comprado un regalo entre todos, su madre había hecho su comida favorita para la cena. Había un ambiente inmejorable. Acabada la cena, sus amigos decidieron llevárselo a un bar cerca de casa. Querían seguir con la celebración.

Sin embargo la vuelta a casa acabó por arruinarles la noche. Un borracho que iba en otro coche se saltó un stop y los golpeó fuertemente en la parte frontal del coche de Daniel. Fue un accidente gravísimo, uno de sus amigos que iban en el coche salió disparado a través del cristal, no se había puesto el cinturón y Daniel, que se encontraba en el sitio del copiloto se había quedado aprisionado contra la puerta, cortándole la circulación de la pierna y gangrenándole la extremidad. Los médicos no tuvieron más remedio que amputarla.

Los días siguientes fueron horribles. Todos tenían un sentimiento de culpa inmenso por haber querido salir de fiesta, aunque Daniel solo pensaba en una cosa. Recuperarse para competir de nuevo.

piscina

Tenía dos años para la celebración de los JJOO y tenía que estar en esa cita como sea, se lo había ganado. Luchó y luchó, no solo en el agua, sino también en los despachos, ya que al ser discapacitado, lo obligaban a competir en los Juegos Paralímpicos. Sin embargo su pundonor valió más que cualquier sanción y finalmente lo dejaron ocupar la plaza que previamente había ganado.

El día de la carrera nadó perfecto, una sincronización que ni en los entrenos había conseguido. Se notaba que estaba súper motivado. Y aunque no le valió para pasar el corte de la primera ronda. Convertirse en el primer discapacitado en competir en unos Juegos Olímpicos le supo mejor que cualquier medalla. Su sueño estaba conseguido.

Historia por: Antonio Torrero