Esto es amor verdadero

Daniel y Aldo se conocieron de pequeños en un centro de ayuda a los invidentes. Daniel era una persona ciega y Aldo un joven perro labrador con muchas ganas de ayudar.

Desde el primer momento hubo una química entre ellos poco usual. Si ya son poco usuales las relaciones normales de los perros con las personas invidentes a las que ayudan, por lo que se complementan cada uno, la relación de Daniel y Aldo iba un escalón por encima.

Aldo sabía por dónde caminar con Daniel, sabía cómo se sentía, qué necesitaba. Muchas veces, la gente los veía a los dos frente a frente, sentados, sin moverse, y parecía que estaban teniendo una conversación el uno con el otro. Juntos formaban un equipo inigualable.
image

Un día de camino para el trabajo, siempre Daniel con Aldo de la mano, un camión se abalanzó sobre ellos al saltarse una ceda al paso. Fueron unos segundos pero que se hicieron eternos. Daniel oyó la fuerte bocina y los frenos chirriando del camión, aunque no supo cómo reaccionar. El hombre del camión intentó hacer una maniobra rápida para no impactar contra ellos, aunque ya no había espacio suficiente y fue en ese instante cuando Aldo, con un gesto tan altruista que ni muchos humanos lo haría, se abalanzó sobre Daniel interponiéndose entre éste y el camión para así amortiguar el golpe.

La gente que estaba por allí se apresuró a llamar a la ambulancia, la policía también llegó. Daniel seguía tirado en el suelo, sin moverse y Aldo a su lado, siempre a su lado. No se separó de él ni un instante hasta que se los llevaron los dos al hospital y tanto médico como veterinario curaron las heridas de ambos.

Ese día Daniel, se partió tres costillas, se fracturó el codo y se abrió una brecha en la cabeza. Aldo por su parte se partió una pata, pero sirvió para demostrar que aunque no puedas decirle a alguien cuanto lo quieres, siempre vas a tener oportunidades en la vida para demostrárselo.

Historia por: Antonio Torrero