Un chico le enseña no perder la pasión al futbol a un profesional

Mark jugaba al fútbol todos los días. Sólo pensaba en el balón. En el colegio siempre estaba distraído imaginándose lo buen futbolista que sería. De hecho lo era. Jugaba en el equipo del barrio y era el mejor de ellos. Tanto que desde pequeño los equipos grandes lo querían para formarlo en las categorías inferiores de sus clubes.

Así que pasó por varias escuelas de fútbol durante su niñez. Cada mañana se levantaba el primero y tomaba un buen desayuno. Ningún cuidado era poco para rendir más en el terreno de juego. Con la edad de 16 años le dieron la oportunidad de jugar con el primer equipo. El entrenador lo había visto entrenar y confiaba en él para que los ayudara en un partido de liga importante.
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Mark salió a jugar con un desparpajo que muy pocos imaginarían. Hizo un partido increíble, en el que incluso marcó un gol y le dio la victoria a su equipo. Su carrera subió como la espuma. En el vestuario todos querían ser amigos de “el niño”, así que lo invitaban a comidas, fiestas y eventos sociales.

Sin embargo esta vida acabó pasándole factura. Le costaba trabajo ir a entrenar cada mañana, ya no estaba motivado, por lo que su rendimiento en el campo bajó. Intentó controlarlo dejando a un lado esa vida, aunque no se sentía igual.

Un día de camino para casa vio una pelota rodar por la calle sin nadie que la controlara. De repente, apareció un niño pequeño corriendo detrás de ella. Se abalanzó hacia él. Había mucho tráfico. No le dio tiempo de atraparlo cuando un coche golpeó al niño.

De forma increíble, el niño salió ileso. Se levantó riendo con la pelota entre sus brazos. La pelota le había amortiguado el golpe. Mark fue inmediatamente a ver cómo estaba. No podía entender como el niño seguía feliz tras el incidente.

-No pasa nada. Mi pelota es mi amiga y ella me cuida al igual que yo cuido a ella- respondió el inocente niño con cara de felicidad, a lo que se marchó corriendo de nuevo.

Esas palabras dejaron impresionado a Mark. Esa misma ilusión es la que él había perdido. A la mañana siguiente volvió a entrenar de nuevo con más ganas que nunca. Su pasión había vuelto.

Historia por: Antonio Torrero