Fue despedida de su trabajo, pero supo sacar provecho de ello

Bianca tenía la vida que siempre soñó. Vivía en Milán, en el barrio que encandila al mundo de la moda y el arte, en Tortona y trabajaba como diseñadora de ropa para una gran multinacional.

Se pasaba el día entre vestidos de alta costura, modelos, fotógrafos y fiestas privadas en las mejores salas de la ciudad. Usualmente también tenía que viajar a las pasarelas de moda. Madrid, París, Nueva York, ninguna tenía secretos para ella.

Era una trabajadora nata, porque le encantaba lo que hacía. Un día, su jefa de departamento la citó en su despacho. Había un puesto vacante en Tokio, como jefa de sección. Los directores habían creído en ella, por lo que le ofrecían un ascenso que muy pocos se pensarían en rechazarlo.
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Ella lo pasó muy mal, porque le encantaba su casa, le encantaba su vida y le encantaba su trabajo actual. No quería ascender, sino que la dejaran haciendo lo que hacía cada mañana, por lo que finalmente rechazó la solicitud.

Pasados unos años, las ventas bajaron. El stock crecía continuamente, las tiendas se pasaban la mayor parte del día sin ningún cliente, por lo que la empresa tuvo que empezar a reducir personal.

Bianca era una buena trabajadora, así que aún permaneció en la empresa por un tiempo, aunque finalmente su jefa la volvió a llamar a su despacho, pero esta vez no era para un ascenso, sino para un despido. Tenían que rescindir de trabajadores con menor rango por directrices de los superiores.

Se lamentó día y noche de no haber aceptado ese puesto de trabajo. Estaba desolada, no sabía qué hacer. Un día, revisando tantos y tantos dibujos que tenía en sus cuadernos le surgió una idea. Sabía coser como la que más, sabía diseñar, sabía dónde encontrar los mejores tejidos. Sabía todo lo necesario para abrir su propia marca de ropa.

Se lanzó y creó una pequeña colección, varios vestidos y accesorios los cuales expuso en una feria de moda local. Fue tanta la repercusión que tuvo que empezó a hacer trabajos por encargo.

Hoy en día tiene varias tiendas por la ciudad, y su negocio crece sin parar. Ella renunció a su trabajo para mantener su felicidad y eso le permitió trabajar felizmente para sí misma.

Historia por: Antonio Torrero