Así surgió el equipo Hoyt, mostrando al mundo que el imposible no existe

“Líbrense de él, es mejor matarlo. Será un vegetal toda su vida”. Eso es lo que los médicos dijeron a Dick y Judy Hoyt, un matrimonio de  Holland, Massachusetts, nada más nacer su hijo Rick. Lo que no sabían estos, es que Dick y Judy no serían unos padres cualquiera.

Rick tuvo complicaciones en el momento del parto, enrollándose el cordón umbilical por el cuello, estrangulando la entrada de aire al cerebro por unos instantes, lo que le provocó una parálisis completa de todo su cuerpo. Lloraron mucho pero decidieron tratarlo como un niño normal. “Él es el centro de las atenciones y lo incluimos en todo” cuenta su padre.

Rick siempre tuvo amor y cariño por parte de su familia, lo que nadie sabía era hasta qué punto él era capaz de entender lo que pasaba. A los 11 años unos médicos descartaron la actividad en su cerebro, entonces su padre pidió que contaran un chiste. Al hacerlo, Rick empezó a reírse. “Tal vez haya algo ahí dentro” dijeron los médicos.

Le diseñaron una máquina para comunicarse por la cual iban pasando una serie de letras por una pantalla y él las paraba con un movimiento de cabeza lateral, que es el único que controlaba, para con paciencia construir frases. “Go, Bruins” fueron sus primeras palabras en lugar de mamá o papá, ya que le encantaba ver el equipo de hockey de Boston.

Un día, un compañero de clase tuvo un accidente y quedó paralítico. Los demás niños hicieron una carrera para recaudar fondos. “Papá, tenemos que hacer algo, quiero ayudar”. A partir de ahí su padre se las ingenió para correr tirando de su hijo y comenzó una de las aventuras más bonitas del mundo.

A día de hoy el equipo Hoyt sigue sumando. Juntos han completado maratones, triatlones y hasta incluso varias pruebas de Iron Man. Y es que todo el sufrimiento de este padre se le alivia al entrar en meta con su hijo en brazos. Su cara de felicidad es inigualable.

‘Papá, durante la carrera sentí que mi deficiencia desaparecía’. Me dijo que se sintió como un pájaro libre, porque se sentía libre de correr y competir como cualquier otro”. Dick Hoyt.

Por: Antonio Torrero