Su satisfacción fue el éxito de alguien más, una verdadera lección de vida

Xan era un humilde contable en la ciudad de Singapur. Vivía con su perro Pious, al cual adoraba, y este a él a su vez.

Para sus vecinos Xan era una especie de incrédulo loco, o simplemente loco a secas pues no había día que no realizara una buena acción por los demás sin pedir nada a cambio. Y el problema no era que ayudara a cruzar a las personas mayores por la calle, sino que sacrificaba su tiempo y dinero en los demás, cuando ya lo poco que tenía no le daba ni para vivir el.

Todos los días se levantaba una hora antes para ir a ayudar a una mujer que tenía una pequeña tienda a hacer la compra, ya que ella no podía tirar del carrito sola. De camino para el trabajo, no había día que no les llevara algo de fruta a dos hombres que dormían en una plaza de la ciudad. Y cuando salía, aun le quedaban fuerzas para dar clases particulares gratuitas para niños pobres que no podían ir a la escuela.

buenas acciones

Muchas veces ni dormía siquiera porque iba a un comedor social a dar de cenar a personas sin hogar. Tanto esfuerzo llegaba a enfermarlo a veces, aunque él no dejaba de hacerlo.

Un día viendo las noticias salió una cara que le resulto muy familiar. Era Lian, un chico al que le enseñó matemáticas en sus clases. Había ganado el premio al mejor joven matemático a nivel nacional. Gracias a las clases de Xan pudo aprender algo de matemáticas y optar a una beca para ir a la universidad, donde consiguió ser el mejor de su clase. En su discurso, Lian agradeció a su familia y amigos por apoyarle, pero sobre todo a un humilde profesor que le encendió la mecha para empezar.

En ese momento, Xan se sintió realizado. Por fin la gente entendió que todo lo que hacía Xan tenía un significado, estaba tratando de hacer un mundo mejor.

Historia por: Antonio Torrero