La historia de Navidad más bonita del Fútbol

Nos trasladamos hasta el siglo XX, cuando se producía el fallecimiento del Archiduque de Austria, Francisco Fernando, en 1914. El hecho desencadenó una serie de acontecimientos violentos, que a la larga terminaría produciendo como consecuencia, la Primera Guerra Mundial.

Tras comenzar la terrible batalla, otra guerra se paralizaría a causa de los terribles hechos. El mundo del futbol entraría en “Standby” por causas realmente obvias, donde reinaba un clima bélico y violento, lo que no permitía que el balompié se jugara en condiciones óptimas.

Llegaba el frio invierno de diciembre, y con él la Navidad de 1914. Un grupo de soldados ingleses y alemanes se encontraban muy cerca del famoso frente occidental. Era un lugar escalofriante, territorio neutral, donde reinaba la presencia de cuerpos inertes por doquier y solo se escuchaba el sonido de las artillerías y arsenales de ambos bandos. Allí, en ese lugar gris, con un clima triste y frio, se daría quizá uno de los episodios más bonitos de la historia del futbol.

Navidad siempre ha sido temporada de alegrías, unión y sobre todo, esperanza. Y más en aquella época, donde el frio, la desolación y la tristeza rondaba por el mundo. Incluso, el gobierno de Alemania enviaría pinos de navidad a sus soldados, que fueron decorados con alegría para que los hombres no se sintieran lejos de casa. Aquellos soldados alemanes no querían violencia, sino disfrutar esa Navidad en paz. Cerca de ellos, se encontraban los ingleses, quienes desde su lugar escuchaban aquellos cantos alegres provenientes de los enemigos. Confundidos, ellos comenzaron a animarse y les respondieron con más canciones y villancicos. En aquel pequeño rincón del planeta, reinaba un ambiente de armonía y felicidad, en un mundo donde la anarquía y guerra eran el pan de cada día.
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Lo cierto es que aún no se sabe, y nunca se sabrá con exactitud, quién fue el primero en ceder, pero lo que sí quedó para la historia es que un grupo de soldados de ambos bandos dejaron sus puestos aquella noche para reunirse con sus adversarios. El objetivo no era la guerra, como había sido siempre en aquel entonces, sino fraternizar y compartir la festividad con los rivales. En una mágica noche hubo regalos, apretones de manos, alcohol, brindis por el fin de la guerra y sobre todo, unión. La situación generó un clima nostálgico, así que se llegó al acuerdo de sepultar cada bando a sus muertos en paz, y lo mejor de todo, culminar aquella noche con broche de oro: un partido amistoso de futbol.

El partido se desarrolló entre risas y alegrías. Germanos e ingleses dejaron sus diferencias a un lado para inmortalizar el momento con una batalla más alegre: el fútbol. No hubo disputas más que la lucha por el balón; no hubo golpes más que los roces en las faltas; no hubo gritos trágicos más que el de la gloria del gol; no hubo caídos más que los arqueros al no poder detener el balón. Aquella noche las armas no existían y ni siquiera el idioma fue barrera para ellos. Cuentan que los alemanes salieron victoriosos 3-2, aunque a nadie le importaba el marcador, aquella noche todos eran ganadores.

Hubo un sobreviviente de esa noche, quien compartió la historia con el mundo. Su nombre es Bertie Felstead, y en 2001 brindó una entrevista a la FIFA, antes de su muerte en ese mismo año, a sus 106 años. El hombre era de Gales y recordaba los hechos como su hubiesen sido el día anterior: “Si no recuerdo mal, los alemanes abandonaron primero sus posiciones y vinieron hacia nosotros. Muchos de nuestros hombres, seguimos sus pasos de forma espontánea. No sé de qué forma apareció un balón en aquel lugar, y así empezó este extraño partido de futbol. Más que jugar, pateamos la pelota; hay que recordar que había más de 100 jugadores. Yo también estaba, porque a mí me gusta jugar al futbol. No sé cuánto duró el partido, quizás una media hora. A nadie le importaba eso, ni el resultado”.

Lo cierto es que el partido terminó de buena forma. Y aunque hay diferentes versiones del final, todas se asemejan un poco. Una dice que un general británico se acercó al partido, lo detuvo de forma abrupta y gritó: “Al enemigo se mata, no se le hace uno amigo”; y otra dice que todo terminó de feliz manera, pero cuando los respectivos jefes se enteraron, reprendieron a todos los soldados y se les amenazó con sentenciarlos por “traición a la patria”. La certeza es que los altos mandos no se mostraron de acuerdo con aquel evento.

Incluso, trataron de que la historia no se diera a conocer. Pero al final no pudieron callar a los sobrevivientes, y por vía del correo y diferentes testimonios, el partido más lindo de futbol terminó por pasar a la historia.

Estos son todos los detalles que se saben del partido. Y aunque hay unos que dicen que la tregua duró hasta febrero, otros indican que todo es falso. Sin embargo, lo más importante en todo esto es que una noche de Navidad de 1914 el fútbol fue el responsable de que dos bandos dejaran a un lado su odio y su discordia, para inmortalizar la historia de navidad más bonita del fútbol.

Por: Alejandro Correia