No era el mejor, pero decidió hacer algo para lograrlo

Carlos era un joven arquitecto con un futuro prometedor. Había acabado la carrera siendo el primero de su promoción y tenía unas ganas inmensas de aprender.

Tenía una oferta de trabajo para unas prácticas en Nueva York. La ciudad de los rascacielos, la ciudad referente en lo que a edificios altos se refiere. La ciudad en la que todo puede pasar.

Le fue muy difícil aclimatarse al principio. Nueva York es una ciudad muy cara para un joven profesional, de hecho su trabajo de prácticas estaba muy mal pagado, aunque nada le hizo venirse abajo y abandonar. Todos los días era el primero en llegar a su oficina y el último en irse. Tenía que demostrar que estaba quería y que era el mejor para ese trabajo.

Durante su trabajo se encontró con muchos problemas. El primero de todos fue el idioma. Hablaba algo el inglés aunque no era muy bueno. El segundo era la forma de trabajar. Todo era muy distinto a lo que él había conocido, aunque se le ocurrió una idea.

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A través de un amigo que iba a la New York University se enteró de que había clases nocturnas en la facultad de arquitectura. No dudó un momento, y todos los días, al salir del trabajo se iba de oyente a las clases de la facultad.

Sus otros compañeros de las prácticas eran muy buenos en lo suyo. Tanto que no tenían que hacer nada de eso para trabajar. A Carlos, en lugar de desanimarse por tener que esforzarse más que los demás, esto lo animaba a seguir mejorando. Tenía que superarlos.

Al acabar el año se había convertido en el mejor de todos. Sus jefes, impresionados con su progresión le ofrecieron el puesto de trabajo.

Hoy en día, 10 años después, ha decidido dejarlo y montar su propio estudio de arquitectura. Sin duda, otro reto que seguro que superará.

Historia por: Antonio Torrero