Nació en la pobreza, pero la música le cambió la vida

José Salas vivía en el seno de una familia humilde. Era el menor de tres hermanos, su hermano mayor Jesús, de nombre como su padre, ayudaba a este  en la frutería que regentaba la familia. Su hermana María hacía las labores de ama de casa ya que por desgracia, su madre sufría una grave enfermedad que la tenía postrada en la cama sin poder moverse y José andaba de acá  para allá, entre el colegio, la frutería y los amigos pasaba los días.

Pero José tenía una afición que le encantaba. La música. De pequeño se pasaba horas y horas tocando todo tipo de instrumentos. Al salir de la escuela  iba a ver ensayar a una orquesta de su pueblo a tres manzanas de casa. Se agachaba entre unos setos y los veía tocar por el hueco de una ventana pequeña. A él le gustaba el violín, y soñaba con ser un violinista profesional.  Incluso se había construido con una tabla y unas cuerdas de guitarra vieja su propio violín, con el que ofrecía conciertos a su madre para que no se sintiese sola. Amaba a su madre.

el chico del violinEl día de su 17 cumpleaños su hermana María le llevó a San José, con la excusa de ir al cine, sin embargo lo entró en el conservatorio de música y le dijo, José, éste es tu lugar y aquí debes de estar. Le habían concedido unas de las becas anuales para entrar al conservatorio. Ese año lo pasó entero trabajando, aprendiendo música con los más grandes e hizo amistad con David, un niño parecido a él que tenía afición por el chelo.

El año acabó pero ambos tuvieron la oportunidad de seguir en el conservatorio. Unos años después tocando en la calle para ganarse la vida los oyó el director de la orquesta sinfónica nacional de Costa Rica. Tanto le gustó que decidió hacerles una audición.

Hoy en día ambos tocan con la orquesta nacional, una pasión que les llevó a triunfar en lo que más amaban, la música.

Historia por: Antonio Torrero