Encontró a un pajarito en el piso. No lo reconocerás 36 días después

Normalmente cuando nos encontramos un pajarito caído de su nido, lo mejor que podemos hacer es regresarlo a su nido o buscar a su madre. Sólo que cuando estas opciones no son la más viables es recomendable buscar un veterinario.

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Este es el caso de este corredor que junto a su hermano veterinario hicieron todo lo posible para que este pequeño pajarito se mantuviera con vida.

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Mientras corría, este hombre se encontró a este pajarito justo en la acera, todavía con parte de su caparazón pegado al cuerpo. Al buscar su nido y no encontrarlo, decidió llevarlo a su casa para que pudiera sobrevivir y cuidarlo en ese proceso de recuperación.

Así comenzó la historia de este pajarito. El corredor y su hermano veterinario lo mantuvieron en una incubadora en donde regulaban meticulosamente la temperatura y humedad del lugar. Como aún no sabían si era hembra o macho, decidieron ponerle como nombre “Dumpling”.

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Dumpling necesitaba cuidados muy especiales, de hecho tenía que ser alimentada cada 30 minutos, 14 horas al día. Su dieta estaba compuesta por grillos, gusanos y una fórmula especial para pájaros bebés. A diferencia de los mamíferos, los bebés de aves no tienen que ser alimentados durante la noche.

Al quinto día Dumpling comenzaba a sentarse con sus alas y patas bajo su cuerpo para mantener la estabilidad. También logró abrir los ojos por pequeños periodos de tiempo.

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Todo estaba saliendo según lo que se había planeado. Dumpling comenzaba una buena recuperación y descubrieron que era hembra.

El séptimo día, la capa protectora se rompió y Dumpling tenía sus plumas extendidas. Además podía notarse que una de sus patas estaba un poco deforme, seguramente causa de la caída. Pero esto no parecía detenerla para nada.

Para el día nueve, las plumas de Dumpling estaban en buen estado, lo que le permitía regular la temperatura por ella misma, así que era momento de sacarla de la incubadora.

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Luego de once días, Dumpling pudo subir a la barra por primera vez. Las plumas de su cola todavía no crecían suficiente y su equilibrio no era muy bueno, pero la buena noticia es que su pie no le molesta para nada. Además, Dumpling le gustaba el contacto con los humanos. A estas alturas sus cuidadores agregaron semillas a su dieta y dejaban los gusanos todo el día en la jaula para que ella misma programara sus horarios de alimentación.

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Al pasar 17 días, Dumpling pasó a una jaula más grande, donde sus cuidadores colocaron varias ramas para que aprendiera a pararse de diferentes formas sobre ellas. Ahora empezaba a volar cortas distancias y a saltar hacia ellas.

Así pasaron 36 días, y el momento del adiós. Cuando pasaron las tormentas, los hombres llevaron a Dumpling a una reserva natural a poca distancia de donde la encontraron. Estaban seguros que en ese lugar no le costaría trabajo adaptarse.

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Visto en: Viralismo.com