Su parálisis no le impidió alzar un título de baloncesto

Rick nació en el Bronx, muy cerca del Yankee Stadium, aunque desde pequeño su verdadera pasión era el baloncesto. Su padre le inculcó esa pasión. Era fans de los Knicks, aunque su ídolo siempre fue Michael Jordan.

De pequeño le regalaron una pelota de baloncesto que la botaba por toda la casa y a veces tiraba a canasta en una de juguete que le había colocado su padre encima de la puerta del garaje. Nunca pudo jugar un partido de cinco contra cinco ya que por desgracia, había sufrido con una parálisis que le obligaba a usar una silla de ruedas.

Ya de mayor eligió ir al Bronx Community College. Seguramente porque es el mejor equipo amateur de la ciudad de Nueva York. Tenía una base de datos increíble de los jugadores, tanto del equipo como rivales y era capaz de leer muy bien los partidos. Tanto sabía de baloncesto que el entrenador le pidió que fuese su ayudante principal para lo que faltaba de temporada.

Tenían un buen equipo, y cada partido, Rick hacía unos informes mejores. De hecho, tan bien hacía su trabajo que en el partido de las semifinales hizo al entrenador cambiar la táctica principal, ya que según su criterio pillarían al equipo rival por sorpresa. A los capitanes del equipo no le gustó mucho su idea, pero el entrenador confió en él, y vaya si le salió bien la jugada. Ganaron el partido ante un rival que no supo jugarle en ningún cuarto.

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Llegó el día de la final. Todos estaban ansiosos por jugarla. Habían estado mucho tiempo preparando este momento, aunque pasaban las horas y el entrenador no llegaba. El director, preocupado, fue en su búsqueda. Había tenido un accidente de coche yendo para el partido. Estaba estable en el hospital, aunque no se encontraba en condiciones de ir al partido. En ese momento, Evans, el capitán, cogió la pizarra de entrenador principal y se la dio a Rick. Nunca habría soñado debutar en un partido de esa magnitud, y aunque al principio se bloqueó un poco, sacó una táctica infalible adelante.

Ganaron en la prórroga y todo gracias a Rick y a su pasión por el baloncesto. Sin duda se ganó el derecho a recoger el trofeo en el nombre del equipo.

Historia por: Antonio Torrero