El portero manco

Luego de que el portero José Buruca Laforia pasó al club Alumni y dejó a su exescuadra, Barracas Athletic (institución hoy desaparecida), sin un guardametas titular, el entrenador se vio obligado a probar jugadores “de campo” en el arco. Como ninguno se destacaba en esa función, cada jornada se experimentaba con un nuevo candidato para el puesto vacante.

El 26 de agosto, debían trasladarse a la localidad de Campana para enfrentar a Reformer, un modesto conjunto integrado por los empleados de un frigorífico. Esa fría mañana solamente ocho futbolistas se presentaron en la estación de trenes para efectuar el viaje hacia la cancha rival.

Ya en camino, a la hora de plantear una estrategia para contrarrestar la desventaja numérica, se le encomendó la difícil tarea de custodiar los tres palos a Winston Coe, uno de los socios fundadores del equipo, quien habitualmente se desempeñaba como defensor. En la cancha, la estrategia instrumentada por el disminuido Barracas sirvió de poco frente al conjunto completo de Reformer, que se adjudicó una contundente victoria por 11 a 0.

Sin embargo, las crónicas periodísticas de la época elogiaron la labor de Coe quien, a pesar de contar con una deficiencia física, evitó que Barracas sufriera una goleada aún más humillante. Y no era para menos, ya que al improvisado portero… ¡le faltaba el brazo izquierdo!