No estaban preparados para esto, pero al final se sintieron los más afortunados

Pedro y Julia eran una pareja joven, recién casada que al igual que muchas otras le costaba mucho llegar a final de mes. Se amaban más que cualquier pareja, y aunque su vida tenía que ser sencilla y humilde, sus días estaban colmados de detalles que los evadían de la cruda realidad.

Julia era empleada de limpieza y Pedro salía cada mañana a buscar trabajo, “En este momento no hay disponible ningún puesto para sus cualidades”, le repetían una y otra vez, aunque él no desistía porque tenía la promesa de convertir a Julia en la mujer más feliz del mundo.
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Una noche, Julia llegó a casa con la cara pálida. Pedro estaba preparando algo de cena caliente, pero cuando la vio llegar lo dejo todo para ver que le pasaba.

-Bueno, es que llevo tiempo un poco distinta, con náuseas y mareos. Hoy he ido a ver al doctor y me ha dicho que estoy embarazada de mellizos.

Le cambió la cara por completo. Otra boca más que alimentar en la casa cuando apenas eran capaces de sobrevivir dos personas. Pasaron la semana sin hablar del tema. Pedro y Julia se amaban, pero se sentían avergonzados de que no le podrían dar una vida a su hijo como se merecía, así que decidieron darlo en adopción.

Hablaron con unas monjas que vivían en un convento cerca de su casa, las cuales muy amables le ayudaron en los meses siguientes, ya que a Julia le había afectado mucho la situación.

El día del parto fue el peor. Muy angustiada porque no sabía que iba a ser de su vida le cogió la mano a Pedro y le pidió por favor que entrara al quirófano con ella. Pedro se sentía muy mal ante tanta sangre y viendo como sufría su mujer, sin embargo algo cambió. Comenzó a asomar una pequeña cabeza, seguida del resto del cuerpo, y después otro más.

Julia pidió cogerlos y comenzó a llorar. Pedro la miró y no le hizo falta preguntar nada, sabía que había cumplido su promesa con Julia. Los dos se sentían las personas más afortunadas del mundo.

Historia por: Antonio Torrero